Lo importante no es saber cuando podemos mirar a una persona a sus ojos, si no saber descubrir la magia que hay en ellos...
sábado, 27 de abril de 2013
martes, 26 de marzo de 2013
Capítulo 16: Sorpresa en el parque
Jake se despertó. Miró através de la gran ventana que iluminaba el salón de la pequeña caseta. En la ventana había una ramita en la que estaba apoyado un pequeño pájaro, que cantaba una melodía sencilla y bonita. Jake se había quedado dormido en el sillón, pero no había señales de que hubiese ocurrido algo preocupante, por lo que Jake no se molestó en revisar si todo estaba en orden.
-¿Jake?
Jake se sobresaltó al oir la voz de Christine. Sonrió al ver que estaba bien, que no la había ocurrido nada cuando la recogió en el bosque, pues no se pudo fijar mucho, ya que estaba todo muy oscuro. Christine tenía su pelo rubio revuelto y llevaba puesta la misma ropa que llevaba cuando salieron de Bharerr a buscarle a él y a Klaynn; una blusa blanca, unos pantalones vaqueros, unas botas y un cinturón en el que llevaba enganchada su varita mágica. Sonrió ella también y se sentó a su lado.
-Buenos días Christine -dijo Jake intentando aparentar no estar preocupado. Sabía que hoy tendría que darles la noticia a ella y a Caroline-, ¿estás bien?
-Ignorando mi dolor de cabeza -dijo Christine, tocándose la frente como si eso fuese a hacer que ese dolor de cabeza suyo parase-, todo bien.
Jake sonrió y se fue a la cocina sin decir una palabra. Christine se quedó sola en el dalón y aprovechó para fijarse más en lo que había en él. Se fijó en las fotos que había encima de la gran estufa. Fue observando muchas de ellas hasta que encontró una que era bastante actual. Estaba Klaynn con una chica de más o menos la edad de Christine. Era pecosa, pelirroja y tenía unos enormes ojos azules grisáceos. Su melena rizada la tapaba uno de sus ojos.Jake entró sin avisar de nuevo en el salón, esta vez con una bebida de color rojo.
-¿Qué es esto? -dijo Christine mirando el líquido que había dentro del vaso.
-Es una mezcla de leche de calemn con unos frutos del bosque. Te ayudará a curar el dolor de cabeza.
Christine miró con entretenimiento la bebida, cuando miró de nuevo a Jake con una pregunta en la cabeza.
-¿Qué es un calemn?
-Es una especie de animal hervíboro que hay por esta zona de Dahelya, son parecidos a las vacas terrestres, pero aquí no son blancas y negras, son de un color indefinido, yo diría que son azules.
Christine volvió a mirar el líquido y se lo llevó a la nariz para olerlo. Olía bien, pero Christine no sabía decir a qué era a lo que olía exactamente. Christine se llevó el líquido a la boca. Cuando dio el primer trago, alejó el vaso de su boca.
-Quema mucho.
-Tómatelo así -insistió Jake-, si no, no hará efecto alguno.
Christine dio el segundo sorbito y así, sorbito a sorbito, se bebió todo. Acto seguido, un escalofrío recorrió todo su cuerpo, haciendo que un frío invernal entrase en su cuerpo.
-Tranquila, es lo que ocurre al tomarlo -tranquilizó Jake a Christine-. En un par de minutos estarás bien, sin dolor de cabeza.
Christine asintió, tiritando. Se acurrucó en el sillón y esperó a que se curase. Sin darse cuenta, en menos de dos minutos, ya no tenía frío ni la dolía la cabeza.
-Gracias Jake -dijo Christine levantándose del sillón.
-Te dije que funcionaría.
* * * * * *
-¿Dónde estamos?
-En el bosque de Ghörem -explicó Kerya.
-¿Y qué hacemos aquí? -preguntó Jonathan.
-Escapar.
-¿De quién?
-De mi tío, es el jefe kerem, quiere conseguir a todos los terrestres de la profecía para absorver todos sus poderes. Tú eres uno de esos terrestres de los que habla la profecía, ¿no?
-Sí, lo soy. ¿Tú eres una kerem?
-Sí -contestó Kerya secamente.
Jonathan retrocedió dos pasos, pero Kerya le retuvo por el brazo.
-Jonathan, ya sé que te habrán dicho que no te acerques a nadie de nuestra especia, pero yo no soy como los demás kerems, yo tengo una parte maga, no tengo la necesidad de absorver poderes, como tienen la mayoría de los kerems.
-¿Hablas en serio? -preguntó Jonathan.
-Sí -contestó kerya insistentemente-. Yo no quiero ser un kerem, yo tan solo quiero ser una maga normal y corriente, como mi madre, o como mi abuelo, Klaynn.
Los ojos de Jonathan se iluminaron durante un instante.
-¿Has dicho Klaynn?
-Sí, es mi abuelo, de parte de mi madre.
-¡Klaynn es el que me recogió en la Tierra!
-¿En serio? -preguntó Kerya sin dar crédito a lo que oía-. ¡Es fántastico!
Jonathan asintió. Comenzaron a andar para intentar salir del bosque. Jonathan habló todo el rato de su vida en la Tierra y Kerya habló de su vida mientras había vivido con su tío, el jefe kerem. El mediodía se acercaba y les faltaba muy poco para llegar a un pequeño poblado de Ghörem en el que, extrañamente, no vivían ni magos oscuros ni kerems. Al llegar al poblado, se sentaron al pie de un árbol y Kerya se encogió sobre sí misma.
-¿Qué te pasa? -dijo Jonathan mirando a Kerya.
-Hace frío.
Jonathan rodeó a Kerya con un brazo y Kerya se apoyó en su hombro. Miró a Jonathan a sus preciosos ojos color chocolate y Jonathan la miró a ella también, a sus enormes ojos azules grisáceos.
-Jonathan...
-¿Qué?
Kerya no dijo nada. Se acercó a Jonathan y depositó un beso en sus labios. Jonathan abrió los ojos como platos y Kerya le rodeó con sus brazos el cuello, y Jonathan a Kerya la cintura con sus brazos mientras se dejaba llevar. Cuando Kerya se separó de Jonathan, se miraron durante un buen rato, Kerya con una chispa de luz en sus ojos, y Jonathan sin dar crédito a lo que acababa de ocurrir.
-¿Qué... qué ha sido eso?
-Un beso -dijo Kerya aún con el brillo en los ojos-, ¿te ha gustado?
Jonathan asintió y la volvió a besar, esta vez tomando él el control. Enredó sus dedos en su melena pelirroja y la besó aún con más deseo, olvidándose por completo de lo que había alrededor.
* * * * * *
Me desperté y escuché un murmullo en el salón. Me vestí, me cepillé mi pelo moreno y liso, me aseé y me dirigín al salón.
-Buenos días -dije sonriente.
-Buenos días Caroline -contestó Christine, con una sonrisa en la cara.
-¿Dónde está Jake? -pregunté.
-Está en la cocina, pero dentro de poco se irá al pueblo, tiene que comprar algunos ingredientes para la comida de hoy.
Asentí y me dirigí a la cocina. Cuando entré, le saludé con la mano.
-Hola Jake.
-Hola pequeña -me dijo dándome un pequeño abrazo.
-¿Puedo irme contigo al pueblo? Quiero estirar un poco las piernas.
-Claro, ve saliendo fuera. Ahora salgo yo.
Salí por la puerta y miré hacia arriba , el sol estaba en lo alto. Me giré y vi que Jake ya salía de casa. Le esperé y salimos hacia el pueblo. En cinco minutos ya habíamos llegado. Había cientos de puestos en la calle principal del pueblo. Giré la cabeza y vi un parque lleno de árboles y con varios bancos.
-Jake, estaré aquí. Cuando nos vayamos a casa vienes y me avisas.
-Vale, pero no te muevas de aquí, ¿de acuerdo pequeña?
Asentí sonriente y me fui corriendo hacia un árbol que estaba lleno de manzanas de un color rojo intenso. Cogí una que estaba en la parte baja del árbol y le di un mordisco. Estaba riquísima. Le iba a dar un segundo mordisco cuando de repente vi dos figuras (de las cuales una de ella me resultaba muy familiar) en un árbol unos metros más alejado del que yo había cogido la manzana. Me acerqué y me llevé la sorpresa de mi vida. Vi a Jonathan, con una chica. Me quedé mirando, viendo como se acercaban y se besaban entre sí. En ese momento, se me escapó un pequeño grito y, acto seguido, me puse la mano en la boca, temiendo que me hubiese oído. En efecto, me había oído, pues Jonathan se giró y me miró.
* * * * * *
-Kerya -dijo Jonathan separándose de ella.
-¿Sí, Jonathan?
-Espérame aquí, ahora vengo.
Jonathan salió corriendo antes de que Kerya pudiese contestar.
* * * * * *
Salí corriendo y me senté al pie del árbol del que había cogido la manzana. Miré la manzana y la intenté dar un mordisco, pero Jonathan me sobresaltó.
-Caroline yo...
-No hace falta que des explicaciones -dije cortante-, ya lo he visto todo.
-Pero no es lo que tú crees, todo esto ha sido un malentendido.
-¡Creía que yo te importaba! -comencé a gritar como una psicópata descosida. No soportaba la idea de ver a Jonathan con otra chica-. ¡Creía que tú y yo podíamos ser algo más que amigos! ¡Pero no podemos ser ni eso!
-Caroline, por favor, no es lo que parece, lo que has visto no lo explica todo, no significa nada.
-Entoncesm ¿quién era esa chica y qué hacía besándote?
-Yo no quería Caroline, lo siento mucho.
-¿Y por qué no te has apartado de ella?
Jonathan se quedó callado. Le lancé una mirada de desesperación y una lágrima rodó por mi mejilla.
-Es lo que me temía -dije con la voz quebrada, intentando que sonase firme-, no te importan ni lo más mínimo mis sentimientos.
En ese momento, la chica vino hacia nosotros.
-¿Quién es ella? -le preguntó Kerya a Jonathan.
Ya no aguanté más. Me giré y me fui andando hacia los puestos del mercadillo del pueblo. Vi a Jonathan como me seguía, pero no me detuve. Encontré a Jake en un puesto y corrío hacia él. Llegué y me puse a llorar mientras me abrazaba.
-¿Qué te pasa Caroline?
-Jonathan... una chica... el parque -dije sin poder decir una frase completa.
-Tranquila pequeña, ya he comprado todo lo que necesitaba, en casa me lo cuentas.
Nos fuimos hacia casa y en el camino, cuando ya salíamos del pueblo, nos encontramos con Jonathan y Kerya. Ninguno de los cuatro dijimos nada por el camino. Yo iba abrazada a Jake, y él me tenía cogida la mano para calmarme. Jonathan y Kerya se estaban mirando, pero no hicieron nada más. Llegamos a casa y fue Jake quien abrió la puerta. Entré la primera y me dirigí al salón. Me senté en un sillón, al lado de Christine.
-¿Qué te pasa? -me preguntó Christine al verme con los ojos húmedos.
No la contesté, me quedé mirando la puerta por la que había entrado.
domingo, 10 de marzo de 2013
Capítulo 15: La caseta de Klaynn
Indara se despertó de golpe. Se había quedado dormida, al igual que todos nosotros. Nos miró a todos por encima, para ver que estábamos sanos y salvos, pero se llevó una gran sorpresa. En el suelo solamente estaba Dylan aún dormido, con la espalda apoyada en un grueso tronco de árbol, y se habían despertado en un sitio completamente distinto en el que se habían quedado dormidos. Indara se levantó de un salto y se fue corriendo a despertar a Dylan.
-Dylan -dijo Indara cogiendo a Dylan por los hombros y moviéndole-, ¡Dylan despierta! ¡Caroline y Christine han desaparecido!
Dylan abrió los ojos como platos al oir a Indara. Se levantó rápidamente y miró a su alrededor, comprobando que lo que acababa de salir de la boca de Indara era cierto. Dylan lanzó una mirada de preocupación a Indara, la cual recibió de vuelta de parte de Indara.
-¿Dónde están? -exclamó Dylan, practicamente gritando-. ¿¡Dónde están Christine y Caroline!?
Indara le puso la mano en la boca a Dylan, obligándole a callarle.
-No grites tanto -susurró Indara-, aquí puede haber alguien mirándonos. Aquí los árboles tienen ojos, todo este bosque está lleno de espías mandados por los magos oscuros.
Dylan estaba sudando. Asintió con la cabeza rápidamente e Indara apartó la mano de su boca. Dió un paso hacia delante, pero Dylan la retuvo por el brazo.
-¿Tienes alguna idea de donde pueden estar? -dijo Dylan ya más calmado, pero aún se podía notar ese toque de nerviosismo en su voz.
-No lo sé -contestó Indara mirando al cielo. Se habían quedado dormidos alrededor de las nueve de la noche, y por el orden de las estrellas en el cielo, Indara podía deducir que ahora mismo sería la una de la mañana, aproximadamente-. Pero no creo que estén muy lejos, solo han pasado dos horas.
En Dahelya, el sistema horario no era el mismo que en la Tierra. No existían ni las once y doce de la mañana ni de la noche. En Dahelya, solo había veinte horas, por lo que el día era más corto. Avanzaron lentamente por el bosque. La varita de Indara iluminaba un poco la zona por donde caminaban.
-Agárrate a mi mano -dijo Indara ofreciéndole la mano a Dylan-, no quiero que te pierdas. Cualquier cosa puede arrastrarte con ella si no estás seguro.
Dylan cogió su mano sin dudarlo ni un momento. Sabía que Indara era una maga excelente, y que si iba aferrado a ella, tendría más posibilidades de salir de cualquier trampa de este bosque tan... oscuro.
* * * * * *
Jake avanzaba ágilmente con una daga en la mano por el bosque. Cuando se encontraba a tan solo unos metros de la caseta de Klaynn, la guardó entró dentro. Cerró la puerta sigilosamente y pasó al salón. Estaba Klaynn encendiéndo la estufa para calentar la pequeña caseta de piedra que Klaynn construyó hace tiempo para vivir en ella.
-¿Ya han despertado? -preguntó Jake. Se sentó en un pequeño sillón que estaba al lado de la estufa.
-No... Aún no... -dijo Klaynn con voz ronca- Siguen dormidas...
Jake asintió y se fue a una habitación. Abrió la puerta lo más despacio que pudo, para no hacer ruido. Andó sigilosamente y destapó las sábanas de una de las camas de la habitación.
-Caroline -dijo en un susurro-, despierta...
Abrí lentamente los ojos, al ver a Jake, sonreí y me lancé a sus brazos.
-¡Jake! -dije abrazándole con fuerza-. ¿Dónde estamos?
-Ssssh -dijo abrazándome él también con fuerza-, no hables tan alto -dijo señalando a la otra cama-. Estamos en la caseta de Klaynn. Te encontramos a tí y a Christine dormidas en medio del bosque y no podía dejaros ahí solas. Os cogí y os traje aquí.
-Muchas gracias Jake -dije aún sin soltarme de él, y hablando en susurros-, pero... ¿dónde están Indara y Dylan?
-No lo sé -dijo con un tono de voz más apagado-, los estuve buscando pero no los encontré.
Me separé de Jake y me volví a tumbar en la cama, mirando a Jake a sus ojos verdes intensos. Me quedé un rato en silencio, pensativa, mientras me aferraba a la mano de Jake con fuerza, como si cuando le fuese a soltar me fuese a caer. El corazón me iba a mil por hora, se podían oir mis latidos por toda la habitación, o por lo menos, eso me parecía a mí.
-¿Quieres que te deje descansar un poco más? -dijo Jake levantándose.
-Por favor -contesté sonriendo, cansada.
-Bien -dijo dándome depositando un beso en mi frente-, descansa.
Cerré los ojos e intenté dormirme, pero no podía. Los latidos de mi corazón me rebotaban en la cabeza y estaba muy, muy nerviosa. Intentaba tranquilizarme, diciéndome a mí misma que si estaba Jake a mi lado, podía dar por hecho de que iba a estar segura, o por lo menos eso era lo que yo pensaba. Me acurruqué en la cama y me hice un ovillo, metiendo la cabeza entre las rodillas y rodeándome con las manos. Así conseguí dormirme...
* * * * * *
-¿Se lo has dicho ya? -preguntó Klaynn cuando vio venir a Jake de la habitación.
-No, aún no -contestó Jake-. Quiero que, por lo menos, duerman una noche tranquila.
-Está bien... -habló Klaynn entre tosidos- Pero que no pase mucho tiempo... lo tienen que saber cuanto antes... ellos... se están acercando...
Jake afirmó con la cabeza y se volvió a acomodar en el sillón. Después, se puso la mano en la frente y suspiró.
-Creo que sería más acertado que fueses tú quien les dijese la noticia, tú eres quien sabe más del tema, ¿no crees?
Klaynn carraspeó y se dispuso a hablar.
-Vale pero... tú también deberás explicarles... qué deben de hacer cuando... -tosió fuertemente, tanto que retumbó por toda la habitación- cuando estén solas... Tienen que saber que no siempre vamos a poder... poder estar... a su lado...
La voz ronca de Klaynn cada vez iba siendo más apagada. Sus ojos de color miel ya no expresaban todo lo que él quería expresar. Klaynn era muy débil, era ya tan, tan viejo que hasta la magia se le iba de las manos.
-Creo que tú también deberías pasar una noche tranquila -dijo Jake ayudando a Klaynn a ponerse de pie-. Yo me quedaré en guardia esta noche.
Entre sus múltiples arrugas que cubrían su rostro, un pequeña sonrisa apareció entre estas.
-Muchas gracias Jake... eres muy amable...
Jake sonrió y le ayudó a andar hasta su habitación. Se tumbó en la cama y se quedó dormido en unos pocos segundos. Jake cerró la puerta lentamente y se volvió al salón. Se sentó junto a la hoguera y se quedó allí, esperando a que la noche fuese tranquila, y que no hubiese pasado nada cuando los rayos del sol de la mañana entrasen por la ventana del salón.
viernes, 8 de febrero de 2013
Capítulo 14: El bosque de Ghörem
Indara caminaba firmemente delante nuestra mientras nosotros nos dirigíamos miradas incoherentes durante todo el camino. Yo llevaba casi todo el tiempo con la mirada perdida en las espesas copas de los árboles, de los cuáles nunca encontraba su fin por su inmensa altura. El ánimo de Indara caía un escalón más por cada paso que daba: primero, había pérdido a su hermano mayor, y por si eso fuese poco, también había perdido a Jonathan en el bosque de Ghörem, y actualmente la situación estaría difícil, pues en el bosque de Ghörem hay mil y un escondrijos, a los cuales es muy dificil acceder sin perderte. Me impresionaba que Indara no hubiese escogido continuar con la búsqueda de su hermano pero, ¿pondría en peligro a todos los habitantes de Dahelya? Sin Jonathan, la profecía estaría incompleta, y si Jonathan no está en ella, la profecía no se cumpliría y todos los magos de la luz caerían con la profecía al pozo de la maldad...
* * * * * *
Abrió los ojos. Se encontraba adormilado en un lugar frío y húmedo. Estaba tumbado sobre una cama, donde el otro lado de esta estaba tan frío y vacío como la habitación en la que se había despertado. Se levantó de la cama, dolorido por sus múltiples golpes por todo el cuerpo. Miró a su alrededor y lo único que pudo ver fue la cama en la que había permanecido dormido durante un tiempo, una mesilla de noche con una pequeña lamparita que enmanaba una tenue luz a su alrededor y que iluminaba débilmente aquel cuarto, y una puerta. Él no podía esperar más.Tenía que salir de allí, aquel sitio le daba muy mala espina. Abrió lentamente la puerta y, para su desgracia, había alguien esperando al otro lado de ella. Llevaba una larga túnica que la llegaba hasta el suelo, con capucha (la cual llevaba puesta), que sólamente dejaba a la vista una nariz pequeña y unos labios hermosos y perfilados.
-Estaba esperando a que despertases, ha pasado ya un buen rato -dijo la encapuchada. Por su voz, él dedujo que se trataba de una mujer.
Tragó saliva y se armó de valor para hablar con la desconocida, pues aquella chica tenía un aire enigmático y misterioso a su alrededor.
-Siento haber tardado tanto -murmuró con un hilo de voz. Las palabras que pronunciaba se le trababan por los nervios que él sentía en este momento-. ¿Quién eres tú?
La mujer rió enigmáticamente. A continuación, se quitó la capucha y él pudo ver al fin su rostro. Sus ojos eran grises, con algunos toques azulados, y su larga melena rizada era pelirroja. Aquella chica era muy bella, mucho más que el resto de dahelyanos que había podido ver por el camino. Sus pecas en las mejillas la hacían aún más infantil, por lo que pudo deducir que aquella chica tendría unos 15 años.
-Yo soy Kerya -dijo tranquila y dulcemente-, soy la jefa del clan de las siete lunas. Tú deberías ser Jonathan, ¿estoy en lo cierto? -dijo mirando a Jonathan fijamente a los ojos.
Jonathan asintió con la cabeza torpemente. Sentía miedo, pánico por aquella chica de ojos grisáceos.
-Y -dijo Jonathan con la voz ya más tranquila y relajada, pero aún temblorosa-, ¿qué es este lugar?
Kerya lo miró misteriosamente y se mordió el labio inferior. Sin hacer caso a la pregunta de Jonathan, Kerya añadió algunas palabras.
-Sígueme -espetó sin responder a la pregunta que Jonathan había formulado.
-Pero qué es... -dijo Jonathan sin acabar la frase por completo, puesto que Kerya lo miró de nuevo seriamente a sus ojos color chocolate, haciendo que Jonathan se debilitara cada vez que sentía su mirada posada sobre él.
-Sígueme.
Jonathan asintió con la cabeza, siguiéndola por el largo pasadizo por el que caminaba Kerya. Aquel pasillo estaba iluminado por varias antorchas colgadas en las paredes del pasillo de aquel enorme castillo. Jonathan siguió a Kerya hasta que llegaron a una puerta de donde procedía una luz muy pequeña, pero que Jonathan ya había percibido.
-Entra aquí -dijo Kerya mostrando una pequeña sonrisa de la que cualquiera se fiaría de ella.
Jonathan asintió mientras Kerya abría la puerta con una llave de plata, sin darse cuenta de lo que iba a ocurrir a continuación, en cuanto Jonathan cruzase esa puerta tan misteriosa a la que Kerya, aquella chica de más o menos su edad, la había conducido, y que probablemente, desconociese el porqué.
* * * * * *
Christine, Dylan y yo ya andábamos a duras penas por el césped del bosque, pero Indara era imparable. Al no poder caminar más, nos tiramos los tres al suelo, agotados.
-Por favor, Indara -dijo Dylan jadeando-, vamos a parar a descansar un poco, estamos muy cansados.
-¿Os preocupa más descansar que encontrar a Jonathan? -preguntó Indara mirándonos a los tres, cortante-. No debemos parar, debemos de encontrar a Jonathan, porque sin Jonathan, la profecía no se cumplirá, y si la profecía no se cumple, todos caeremos en el dominio de los magos oscuros que probablemente hayan secuestrado a Jonathan, y eso no debe ocurrir.
-Indara -dije yo sentada en el césped-, reconoce que tú también estas agotada del viaje, necesitamos descansar, sobre todo tú.
Indara negó con la cabeza, pero finalmente, suspiró y se tiró al césped.
-Sabéis qué -dijo suspirando-, tenéis razón. Pero si no encontramos a Jonathan, la situación tendrá consecuencias bastante graves, y no me gustaría que eso pasase.
Los cuatro nos tumbamos en el césped a descansar. Inconscientemente, los cuatro caímos en un profundo sueño, sin darnos cuenta de que ese era el mayor error que podíamos haber cometido en el bosque de Ghörem...
sábado, 26 de enero de 2013
Capítulo 13: Desaparecido
Los grandes rayos del enorme sol que había sobre Dahelya se colaban entre las grandes hojas de los árboles. Me levanté y me estiré sobre la gran rama del árbol. Parpadeé un par de veces hasta que me despejé por completo, y, después de esto, pude contemplar como Indara aún seguía dormida. No era de extrañar, pues el día anterior Indara no había descansado hasta muy tarde. Levitando, bajé del árbol y, antes de llegar hasta abajo, vi como Shyra ya estaba esperándonos a Indara y a mí. Cuando llegué abajo, Shyra me recibió con una gran sonrisa.
-Buenos días Caroline -murmuró ella con una gran sonrisa-, ¿dónde se encuentra tu maestra? Creía que ya estaríais las dos lista para proseguir con el viaje.
Ladeé la cabeza de un lado a otro mientras mantenía una sonrisa en mis labios.
-Pues no es así -dije sonriente-. Indara aún está arriba descansando, está molida desde ayer por la noche.
Shyra mostró en su rostro un signo de sorpresa. Después, sonrió de oreja a oreja.
-Oc... ¿ocurre algo, Shyra? -la pregunté.
-¿Has dicho Indara? -preguntó ella, aún sorprendida-. ¿Tu maestra es Indara Khybber?
Asentí con la cabeza, sin estar segura del todo. No sabía si se referiría a ella pero... ¿A qué otra Indara podía conocer?
-Es increíble -prosiguió ella-. Nosotras dos fuimos juntas en la escuela de magia. Eramos íntimas amigas, nada nos podía separar: excepto el destino, que es lo que hizo.
-En... ¿en serio? -dije felízmente.
Shyra asintió con la cabeza y su sonrisa se hizo aún más amplia.
-De verdad -dijo Shyra.
Dicho esto, Shyra empezó a elevarse, más rápida que como yo había hecho tiempo atrás. Subió a la rama del árbol y despertó a Indara. Yo, me quedé desde abajo, mirando y esperando a que las dos bajasen del árbol. Al bajar, las dos hablaban seguidamente, tendrían miles de cosas que contarse entre ellas.
* * * * * *
-Está bien -dijo Christine tumbándose en el césped-, ya no puedo más.
Jonathan y Dylan copiaron a Christine y se tumbaron junto a ella. Christine arrancaba la hierba con una mano mientras con la otra jugueteaba con su pelo rubio. Alzó la mirada y se quedó mirando las grandes copas de los árboles. Dylan se apoyó su espalda en un árbol y lanzó un suspiro de agotamiento e intercambió una mirada con Jonathan, que le miraba con cansancio.
-¿Crees que les encontraremos a tiempo? -murmuró Dylan.
-Debemos encontrarles -dijo Christine incorporándose un poco hasta quedar mirando a Dylan a sus ojos azules-. Caroline e Indara no deben de estar muy lejos y no podemos desistir ahora. Estamos en medio de un bosque en el que nunca hemos estado y necesitamos seguir dando vuelvas hasta encontrarlas. Es la única opción que nos queda.
Los tres se quedaron pensativos, hasta que un ruido extraño les sobresaltó.
-Qué... ¿qué ha sido eso? -preguntó Jonathan poniéndose de pie, alerta.
-No lo sé -contestó Dylan-, pero esto no me da muy buena espina.
Christine se levantó rápidamente e hizo una señal a Jonathan y a Dylan para que la siguiesen.
-Salgamos corriendo de aquí, no quiero que nos pase nada.
Los tres comenzaron a correr. Algo destrás suya se movía rápidamente, pero no eran capaces de percibir que era. Se escuchó un gran ruido cerca de ellos, pero no hicieron caso y continuaron corriendo, no querían descubrir que era aquello que les acechaba.
* * * * * *
Shyra e Indara no pararon de charlar durante el camino. Yo, las miraba con curiosidad. Indara, que no había hablado mientras habíamos comenzado el viaje, ahora estaba charlando más que nunca. Se la veía feliz, a pesar de no saber donde se encontraba su hermano mayor, que la había cuidado desde pequeña, ya que sus padres murieron en una guerra en Rhöeld, reino en el que habían nacido los kerems.
-Demos las gracias a los dioses por esto -dijo Indara-. Nunca pude imaginarme que después de tanto tiempo nos volviésemos a encontrar.
-Todas nuestras gracias -dijo Shyra-. Me alegra mucho volverme a encontrar contigo.
Continuaron hablando por el camino. El sol ya empezaba a ponerse. En ese momento, intervení en la conversción por primera vez.
-Siento interrumpir -dije intentando llamar la atención-, creo que deberíamos parar aquí. Ya está anocheciendo y necesitamos descansar.
Indara asintió junto a Shyra y las tres nos dirigimos hasta un pequeño poblado enano, donde pasaríamos la noche.
* * * * * *
Aún continuaban corriendo. No habían parado, hasta que vieron un pequeño poblado, justamente el poblado en el que Caroline, Shyra e Indara. Corrieron hasta el y vieron a Indara y a Caroline junto a otra chica que aún era una desconocida para ellos. Corrieron hacia Caroline.
-¡Caroline! -gritaron al unísono.
* * * * * *
Me giré y eché a correr yo también. Abracé a Christine con todas mis fuerzas y después abrecé a Dylan.
-Chicos, como me alegro de que estéis aquí -dije sonriente.
-Queríamos acompañarte a buscar a Jake y a Klaynn, no queríamos dejarte sola.
Suspiré y los volví a abrazar a los dos, después los miré con agradecimiento, pero noté que faltaba alguien...
-Muchísimas gracias chicos pero... ¿Jonathan no ha querido venir?
-¿Qué? -dijo Christine extrañada-. Claro que ha venido, si está aq... -Christine calló y se quedó estupefacta. Después miró por donde habían venido y cruzó su mirada con la de Dylan.
-No me digas que... -dijo Dylan sin acabar la frase.
-Sí, sí ha pasado... -dijo Christine.
-¿Alguien me puede explicar que está ocurriendo? -dije seriamente.
-Caroline -dijo Dylan, preocupado-, Jonathan venía con nosotros. Todo andaba bien hasta que entramos en aquel bosque -señaló un bosque que se encontraba al oeste-. Comenzamos a oir ruidos extraños y echamos todos a correr, pero a Jonathan le debe haber alcanzado... eso.
Su voz cada vez era más apagada. Miré a Christine, y ella asintió, preocupada. Volvía a alzar mi mirada hacia Dylan.
-¿Y qué es "eso"? -pregunté.
-No lo sabemos -me contestó-. Oíamos sus pasos y lo único que hicimos es huir de aquello. Pero Jonathan no tuvo la misma suerte que nosotros de poder escapar.
-¿Y dónde está? -pregunté entrecortada.
-No lo sabemos -contestó esta vez Christine-. Está dentro de aquel bosque -señaló el mismo bosque que antes había señalado Dylan-. Algo le ha secuestrado y no sabemos que ha ocurrido con él.
Se me hizo un nudo el estómago. Comencé a dar pasos hacia atrás, después, me giré eché a correr hasta la cabaña en la que Indara había entrado.
* * * * * *
-¡Indara! -dije corriendo hacia ella-. Hay un grave problema.
-¿Qué pasa Carolione? -dijo mientras bebía un brebaje extraño que los dueños de aquella posada la habían entregado.
-Christine y Dylan están aquí.
-¿Y cuál es el problema? -dijo Indara mientras daba un sorbo a su bebida.
-Que habían venido con Jonathan, pero le han secuestrado.
Indara se atragantó con su bebida. Se levantó de golpe y la seguí hasta la puerta. Salió de ella y se dirigió hacia Dylan y Christine.
-Vámonos -dijo haciéndonos una señal-. Nos vamos a buscar a Jonathan.
Los tres asentimos. Comenzamos a andar hacia aquel bosque tan extraño, tan oscuro, que daba escalofríos. Habíamos llegado al bosque de Ghörem.
domingo, 6 de enero de 2013
Capítulo 12: Shyra Gayer
La luna y las estrellas cubrían el cielo nocturno de Dahelya y Christine aún no descansaba. Examinó la casa, rodeó el cerro, recorrió por enésima vez las calles estrechas de Bharerr, pero no encontró nada. Exhausta, Christine se sento en un banco, ya desesperada. Apoyó sus brazos sobre sus rodillas y lanzó un suspiro de agotamiento. De repente, una mano se posó sobre el hombro de Christine y esta, sobresaltada, se giró para ver de quién se trataba. Sonrío al ver que era Dylan y a su lado de acompañaba Jonathan. Estos rodearon el banco y se sentaron al lado de Christine.
-¿Estás bien? -la preguntó Jonathan- ¿Qué haces que no estás descansando a estas horas?
Christine se giró hacia Jonathan, que este tenía posada su mirada de color marrón sobre ella.
-Me he pasado todo este tiempo buscando a Indara y a Caroline -dijo apoyando su espalda en el banco-. No aparecen por ninguna parte, y tampoco aparece Jake. ¿Y qué hay de vosotros? ¿Vosotros tampoco descansáis?
Dylan y Jonathan ladearon la cabeza de un lado a otro.
-Klaynn no está en casa -dijo esta vez Dylan-. Le hemos buscado muchas veces pero no aparece por ningún lado. Nos contó que tenía unos asuntos pendientes con Jake, unos asuntos en el bosque de Ghörem.
Christine frunció el ceño. Había oído hablar de ese bosque, pero lo que sus oídos habían escuchado no era nada bueno. Christine se levantó del banco y de repente entendió todo. Indara y Caroline se habían ido en busca de Jake, pero ¿por qué Caroline también? Christine no lo sabía pero si tenía claro una cosa: iría en busca de Caroline y de Indara a aquel bosque, quería vivir su primera aventura en Dahelya, quería adentrarse a lo desconocido. La daba igual lo que hubiese en ese bosque, solo tenía claro una cosa: no dejaría escapar la oportunidad de indagar en el bosque de Ghörem.
-Chicos -dijo girándose hacia ellos dos-, me voy al bosque de Ghörem.
Dylan y Jonathan se asombraron. Christine se dirigió a paso ligero a la casa de Indara, donde cerró al puerta de golpe y empezó a preparar todas las mercancías para su viaje.
Fuera, Dylan y Jonathan se quedaron en silencio un buen rato, pero después, iniciaron una conversación.
-¿Crees que deberíamos ir con ella? -dijo Jonathan al fin.
-Por supuesto -contestó Dylan-. Christine cree que es muy independiente, pero se perderá enseguida. Deberíamos acompañarla, de paso también averiguamos que se traía Klaynn entre manos.
* * * * * *
Me desperté, sobresaltada. Había tenido una pesadilla. Vi como Indara descansaba dulcemente apoyaba en el tronco del árbol, y decidí no molestarla. Saqué mi varita y moví las manos haciéndome levitar. Salté ligeramente desde el árbol y caí lentamente, aún con la varita en mi mano. Cuando llegué al suelo, realicé una bola de fuego en mi mano, para poder ver en aquella oscuridad que dominaba el bosque. La pequeña llama que encendí sobre mi mano me bastó para ver que a pocos metros de mí, se encontraba una sombra difuminada entre los árboles. Tragué saliva, en esos momentos, prefería haber continuado en mi pesadilla que haber bajado del árbol a explorar la zona. Me acerqué, lentamente, y me quedé a una prudente distancia de aquella sombra. Más de cerca, pude ver que era una persona y por sus rasgos físicos pude ver que era una mujer. La mujer se giró y me vió. En ese instante, pegué mi espalda al árbol más cercano y aquella chica vino hasta estar a menos de un metro de mí.
-¿Quién eres tú? -dijo la extraña. Clavó sus ojos morados en mí y en ese momento me estremecí. Me miró de arriba a abajo y luego añadió unas palabras-. ¿Y que hacías en este bosque?
Tragué saliva y la miré, intimidada por su mirada y por la daga que se escondía en su cinturón.
-Soy Caroline -dije con la voz temblorosa-, Caroline Morgan. Voy de viaje hacia el bosque de Ghörem -el miedo me paralizó por unos instantes, pero finalmente, me decanté por preguntar-. ¿Y quién eres tú?
Aquella chica esbozó una sonrisa y escupió una leve carcajada.
-¿Yo? -dijo. Su voz era cantarina y dulce, pero al mismo tiempo era misteriosa-. Yo soy Shyra Gayer, guerrera del clan élfico. Con que Caroline, ¿es así? Había oído hablar de tí, eres una terrestre de la profecía.
Iba a pronunciar palabra pero decidí no hacerlo. ¿Cómo me conocía? ¿Acaso era tan importante la profecía? Aún estaba muy perdida por este mundo mágico. Profecías, magia, guerreros...
-Sí, soy yo -dije yo más tranquila-. ¿Qué es el clan élfico?
Sus ojos morados resplandecieron por un instante. Después me miró y sonrió.
-El clan élfico es un grupo de elfos que luchan contra la hermandad de los guerreros de la noche. Los guerreros de la noche son el clan de los magos oscuros que se quieren apoderar de Dahelya, con la ayuda de sus aliados, los kerems -sonrió pícaramente y me clavó una mirada-. Creo que tú podrías acabar con ellos.
-¿Yo? -enarqué una ceja y después añadí:- No tengo casi conocimientos sobre magia, ahora mismo no serviría en una guerra mágica.
Shyra sonrió y negó con la cabeza.
-Eso me temía -dijo Shyra-, ¿vienes con tu maestra?
Asentí con la cabeza y acto seguido, miré al árbol donde Indara descansaba.
-Bien, os acompañaré en vuestro viaje, tengo unos asuntos pendientes en Ghörem -sonrió Shyra-, de paso me gustaría ver que secretos se esconden allí -levantó un dedo y me señaló a mí-. Mañana nos vemos aquí, partiremos junto a tu maestra.
Dicho esto, se giró y se fue por donde había venido, pero antes hablé.
-Pero, no creo que sea una buena idea, puede que... -callé, pues vi como la guerrera se giró y me fulminó con una mirada. Tragué saliva y asentí con la cabeza-. Vale, hasta mañana.
Shyra sonrió y continuó su camino. Después de esto, cerré la llama de mi mano y con mi varita, levité. Cuando llegué a la rama donde antes me había despertado, caminé hasta ella con cuidado de no despertar a Indara y me volví a dormir, como si no hubiese ocurrido nada...
* * * * * *
Christine salió de la casa con una mochila colgada sobre su hombro derecho y andaba con paso firme. Llevaba la vista fija en el horizonte, donde se extendía el bosque de Moonlight, y tras él, el bosque de Ghörem. Fue a dar un paso, pero alguien la paró posando su mano en el hombro que la quedaba libre. Eran Dylan y Jonathan. Sonrió al verlos.
-Chicos -preguntó Christine-, ¿qué hacéis aquí?
-No dejaremos que vayas sola -dijo Dylan sonriendo-. Alguien te tenía que acompañar.
Christine sonrió a su vez y les abrazó a los dos, con fuerza.
-Gracias chicos -musitó Christine-, gracias por acompañarme.
Christine se separó de los dos y esta vez, habló Jonathan.
-No perdamos más tiempo -dijo Jonathan-, hay un largo camino hasta Ghörem.
Dicho esto, los tres jóvenes emprendieron el camino hacia el bosque de Ghörem...
domingo, 30 de diciembre de 2012
Capítulo 11: En busca de Jake
Llegamos Indara y yo, corriendo a la casa. Cuando llegamos, Indara se fue escopetada a su habitación. Cuando salió de ella, tenía un gran plano entre sus manos y llevaba su alforja colgada. Dejó el plano sobre la mesa e introdujo en su bolsa diversos alimentos de la despensa. Mientras, yo observaba, en silencio, como se movía por la casa, preparando las cosas para nuestro viaje en busca de Jake. Al cabo de un rato, se sentó en una silla junto a mí, y abrió el plano sobre una mesa.
-Caroline -dijo señalando un punto en el mapa-, este es el bosque de Ghorëm, y nosotras estamos aquí.
Cuando vi la distancia que separaba el bosque de Ghorëm, me sorprendí un tanto, pues si en aquel mapa la distancia era considerablemente larga, no me quería imaginar cuanto sería el camino.
-Pero -protesté yo-, no llegaremos a tiempo si queremos encontrar a Jake. El camino es muy largo y doy por hecho de que Jake ya ha partido hacia el bosque. Aunque emprendiésemos ahora mismo el viaje, no llegaríamos a tiempo. Dudo mucho que seamos capaces de encontrar a Jake.
-No Caroline, te equivocas. Vamos a llegar a tiempo y a encontrar a Jake, cueste lo que cueste.
-Pero no crees que... -paré de hablar, ya que Indara me miraba con gesto torvo. Preferí no hacer ningún comentario más que yo considerase fuera de lugar. Estaba claro de que Indara no estaba de humor y sería mejor no hablar por el momento.
Tragué saliva, nunca la había visto tan... enfadada. Siempre estaba sonriente, y si se enfadaba, nunca la había durado más de cinco minutos. Se notaba en su mirada, que Indara y Jake no eran los hermanos que de vez en cuando se peleaban, no. Jake e Indara, eran los hermanos que lo darían todo por cuidarse y procurar que no les pase nada malo.
-Vale, le encontraremos -dije firmemente-. Cueste lo que cueste.
Indara sonrió traviesamente y cogió el mapa de un tirón y lo metió en su alforja, donde ví como sobresalíala punta de un objeto metálico. Pensé que Indara llevaría una daga, pero me lo cuestioné un momento, ya que Indara era una maga excelente, y como ella había dicho, necesitaríamos solamente nuestros poderes para luchar.
-Salgamos ya, no perdamos más tiempo.
Recorrimos a paso ligero las estrechas calles de Bharerr hasta que llegamos a un gran prado donde, al fondo, se podía divisar un precioso bosque, el bosque de Bnut, donde los enanos dahelyanos lideraban. Me sorprendí cuando Indara me lo dijo, pues yo creía que en Dahleya solo habitaban magos. Me nombró también las demás especies de Dahelya: elfos, trasgos, gigantes y kerems. Todos aquellos seres mágicos me sonaban de algunas viejas leyendas que contaban en la Tierra. Todos sabía que eran, menos los kerems. Indara me explicó que un kerem era una mezcla de trasgo y elfo. Los kerems eran seres tan bellos y hermosos como los elfos, pero al mismo tiempo eran malvados como los trasgos. Sabían como seducir con su belleza al más poderoso de todos los magos, así que crucé los dedos para no encontrarme a ninguno de ellos por el camino, pues no quería que mi primer viaje por Dahelya fuese complicado.
* * * * * *
El camino fue largo y silencioso, pues Indara caminaba firmemente delante mía y yo la seguía en silencio, procurando no molestarla. No hubo descansos, Indara parecía imparable, y aunque su rostro mostrase cansancio, sus piernas no lo padecían. Las conversaciones que teníamos Indara y yo por el camino, que eran pocas, eran muy breves. Yo intentaba comenzar una conversación que durase, para hacer el camino más entretenido, pero Indara tan solo contestaba con monosílabos, y eso no mejoraba las cosas.
La noche cernió sobre nosotras y, por lo menos yo, estaba perdida. Buscamos refugio entre los grandes árboles del bosque de Bnut, que pertenecía a los enanos de Dahelya. Tuvimos suerte de no encontrarnos a muchos enanos por el bosque, pues no le gustaban que indagásemos en los lugares que pertenecían a su dominio. Al fin, encontramos un gran árbol, al que Indara levitó hasta llegar a la copa del árbol, para dormir en él. Yo me quedé en el suelo dudando durante unos instantes.
-¿No subes? -me preguntó Indara.
-No creo que pueda -protesté ante el miedo de caerme mientras levito-. No soy una maga experta.
-Pero ya hemos dado la clase -repuso Indara-. No tienes excusas.
Cerré los ojos y respiré hondo un par de veces. Saqué mi varita y empecé a hacer círculos rodeándome al mismo tiempo como unas leves lucecitas plateadas me rodeaban a mí. Mientras tenía los ojos cerrados, mis pies comenzaron a flotar en el aire. Subí lentamente al árbol y cuando llegué arriba, me senté en una rama, lo suficientemente ancha para dormir bien sobre ella, y no caerme de ella, pues la altura del árbol era considerablemente grande.
-De acuerdo, pero no estés tan seria. Acuérdate de tus palabras: vamos a encontrar a Jake, cueste lo que cueste.
Indara sonrió, como habitualmente hacía. Había conseguido subirla los ánimos, que en estos momentos se necesitaba bastante. Indara estaba bastante afectada por la pérdida de Jake y no me pasaba nada por entregarle un poco de mi ánimo. Tras esto, Indara añadió unas palabras más.
-Te dije que serías capaz -dijo Indara sonriente, por primera vez en el día de hoy-. Nunca te subestimes, sobre todo si se trata con la magia. Deja que el optimismo te guíe, ¿de acuerdo?
-Descansa -dijo Indara con los ojos medio cerrados del sueño-, la jornada de mañana será mucho más larga que la de hoy y necesitaremos las fuerzas para continuar el camino en busca de Jake.
- Eso haré -dije bostezando-. Igualmente, y recuerda: no te desanimes, encontraremos a Jake. Puede que tarde, o puede que pronto, pero lo encontraremos. Recuerda que está con Klaynn, según Jake y tú, el mago más poderoso de todo Dahelya, quizá capaz de derrotar a un kerem. Podemos dar por hecho de que Jake está en buenas manos.
-Esperemos que estés en lo cierto -dijo Indara con la espalda apoyada en el tronco del árbol-. Pero, aunque Klaynn sea el mago más poderoso de todo Dahelya, no es inmortal y ya es demasiado anciano, por lo que Jake puede quedarse solo en cualquier momento, así que hay que encontrarle cuanto antes.
Asentí con la cabeza y bostezando, me acomodé sobre la rama y cerré los ojos para dormir. Sentí como me relajaba y como los rayos de la luna y de las estrellas se cernían sobre mí. Lentamente, fui quedándome dormida hasta que los ojos se me cerraron del sueño y caí agotada sobre la rama.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)