Lo importante no es saber cuando podemos mirar a una persona a sus ojos, si no saber descubrir la magia que hay en ellos...

sábado, 26 de enero de 2013

Capítulo 13: Desaparecido

Los grandes rayos del enorme sol que había sobre Dahelya se colaban entre las grandes hojas de los árboles. Me levanté y me estiré sobre la gran rama del árbol. Parpadeé un par de veces hasta que me despejé por completo, y, después de esto, pude contemplar como Indara aún seguía dormida. No era de extrañar, pues el día anterior Indara no había descansado hasta muy tarde. Levitando, bajé del árbol y, antes de llegar hasta abajo, vi como Shyra ya estaba esperándonos a Indara y a mí. Cuando llegué abajo, Shyra me recibió con una gran sonrisa.


-Buenos días Caroline -murmuró ella con una gran sonrisa-, ¿dónde se encuentra tu maestra? Creía que ya estaríais las dos lista para proseguir con el viaje.


Ladeé la cabeza de un lado a otro mientras mantenía una sonrisa en mis labios.


-Pues no es así -dije sonriente-. Indara aún está arriba descansando, está molida desde ayer por la noche.


Shyra mostró en su rostro un signo de sorpresa. Después, sonrió de oreja a oreja.


-Oc... ¿ocurre algo, Shyra? -la pregunté.


-¿Has dicho Indara? -preguntó ella, aún sorprendida-. ¿Tu maestra es Indara Khybber?


Asentí con la cabeza, sin estar segura del todo. No sabía si se referiría a ella pero... ¿A qué otra Indara podía conocer?


-Es increíble -prosiguió ella-. Nosotras dos fuimos juntas en la escuela de magia. Eramos íntimas amigas, nada nos podía separar: excepto el destino, que es lo que hizo.


-En... ¿en serio? -dije felízmente.


Shyra asintió con la cabeza y su sonrisa se hizo aún más amplia.


-De verdad -dijo Shyra.


Dicho esto, Shyra empezó a elevarse, más rápida que como yo había hecho tiempo atrás. Subió a la rama del árbol y despertó a Indara. Yo, me quedé desde abajo, mirando y esperando a que las dos bajasen del árbol. Al bajar, las dos hablaban seguidamente, tendrían miles de cosas que contarse entre ellas.



*     *     *     *     *     *

 


-Está bien -dijo Christine tumbándose en el césped-, ya no puedo más.


Jonathan y Dylan copiaron a Christine y se tumbaron junto a ella. Christine arrancaba la hierba con una mano mientras con la otra jugueteaba con su pelo rubio. Alzó la mirada y se quedó mirando las grandes copas de los árboles. Dylan se apoyó su espalda en un árbol y lanzó un suspiro de agotamiento e intercambió una mirada con Jonathan, que le miraba con cansancio.


-¿Crees que les encontraremos a tiempo? -murmuró Dylan.


-Debemos encontrarles -dijo Christine incorporándose un poco hasta quedar mirando a Dylan a sus ojos azules-. Caroline e Indara no deben de estar muy lejos y no podemos desistir ahora. Estamos en medio de un bosque en el que nunca hemos estado y necesitamos seguir dando vuelvas hasta encontrarlas. Es la única opción que nos queda.


Los tres se quedaron pensativos, hasta que un ruido extraño les sobresaltó.


-Qué... ¿qué ha sido eso? -preguntó Jonathan poniéndose de pie, alerta.


-No lo sé -contestó Dylan-, pero esto no me da muy buena espina.


Christine se levantó rápidamente e hizo una señal a Jonathan y a Dylan para que la siguiesen.


-Salgamos corriendo de aquí, no quiero que nos pase nada.


Los tres comenzaron a correr. Algo destrás suya se movía rápidamente, pero no eran capaces de percibir que era. Se escuchó un gran ruido cerca de ellos, pero no hicieron caso y continuaron corriendo, no querían descubrir que era aquello que les acechaba.



*     *     *     *     *     *



Shyra e Indara no pararon de charlar durante el camino. Yo, las miraba con curiosidad. Indara, que no había hablado mientras habíamos comenzado el viaje, ahora estaba charlando más que nunca. Se la veía feliz, a pesar de no saber donde se encontraba su hermano mayor, que la había cuidado desde pequeña, ya que sus padres murieron en una guerra en Rhöeld, reino en el que habían nacido los kerems.


-Demos las gracias a los dioses por esto -dijo Indara-. Nunca pude imaginarme que después de tanto tiempo nos volviésemos a encontrar.


-Todas nuestras gracias -dijo Shyra-. Me alegra mucho volverme a encontrar contigo.


Continuaron hablando por el camino. El sol ya empezaba a ponerse. En ese momento, intervení en la conversción por primera vez.


-Siento interrumpir -dije intentando llamar la atención-, creo que deberíamos parar aquí. Ya está anocheciendo y necesitamos descansar.


Indara asintió junto a Shyra y las tres nos dirigimos hasta un pequeño poblado enano, donde pasaríamos la noche.



*     *     *     *     *     *



Aún continuaban corriendo. No habían parado, hasta que vieron un pequeño poblado, justamente el poblado en el que Caroline, Shyra e Indara. Corrieron hasta el y vieron a Indara y a Caroline junto a otra chica que aún era una desconocida para ellos. Corrieron hacia Caroline.


-¡Caroline! -gritaron al unísono.



*     *     *     *     *     *



Me giré y eché a correr yo también. Abracé a Christine con todas mis fuerzas y después abrecé a Dylan.


-Chicos, como me alegro de que estéis aquí -dije sonriente.


-Queríamos acompañarte a buscar a Jake y a Klaynn, no queríamos dejarte sola.


Suspiré y los volví a abrazar a los dos, después los miré con agradecimiento, pero noté que faltaba alguien...


-Muchísimas gracias chicos pero... ¿Jonathan no ha querido venir?


-¿Qué? -dijo Christine extrañada-. Claro que ha venido, si está aq... -Christine calló y se quedó estupefacta. Después miró por donde habían venido y cruzó su mirada con la de Dylan.


-No me digas que... -dijo Dylan sin acabar la frase.


-Sí, sí ha pasado... -dijo Christine.


-¿Alguien me puede explicar que está ocurriendo? -dije seriamente.


-Caroline -dijo Dylan, preocupado-, Jonathan venía con nosotros. Todo andaba bien hasta que entramos en aquel bosque -señaló un bosque que se encontraba al oeste-. Comenzamos a oir ruidos extraños y echamos todos a correr, pero a Jonathan le debe haber alcanzado... eso.


Su voz cada vez era más apagada. Miré a Christine, y ella asintió, preocupada. Volvía a alzar mi mirada hacia Dylan.


-¿Y qué es "eso"? -pregunté.


-No lo sabemos -me contestó-. Oíamos sus pasos y lo único que hicimos es huir de aquello. Pero Jonathan no tuvo la misma suerte que nosotros de poder escapar.


-¿Y dónde está? -pregunté entrecortada.


-No lo sabemos -contestó esta vez Christine-. Está dentro de aquel bosque -señaló el mismo bosque que antes había señalado Dylan-. Algo le ha secuestrado y no sabemos que ha ocurrido con él.


Se me hizo un nudo el estómago. Comencé a dar pasos hacia atrás, después, me giré eché a correr hasta la cabaña en la que Indara había entrado.



*     *     *     *     *     *



-¡Indara! -dije corriendo hacia ella-. Hay un grave problema.


-¿Qué pasa Carolione? -dijo mientras bebía un brebaje extraño que los dueños de aquella posada la habían entregado.


-Christine y Dylan están aquí.


-¿Y cuál es el problema? -dijo Indara mientras daba un sorbo a su bebida.


-Que habían venido con Jonathan, pero le han secuestrado.


Indara se atragantó con su bebida. Se levantó de golpe y la seguí hasta la puerta. Salió de ella y se dirigió hacia Dylan y Christine.


-Vámonos -dijo haciéndonos una señal-. Nos vamos a buscar a Jonathan.


Los tres asentimos. Comenzamos a andar hacia aquel bosque tan extraño, tan oscuro, que daba escalofríos. Habíamos llegado al bosque de Ghörem.

domingo, 6 de enero de 2013

Capítulo 12: Shyra Gayer

La luna y las estrellas cubrían el cielo nocturno de Dahelya y Christine aún no descansaba. Examinó la casa, rodeó el cerro, recorrió por enésima vez las calles estrechas de Bharerr, pero no encontró nada. Exhausta, Christine se sento en un banco, ya desesperada. Apoyó sus brazos sobre sus rodillas y lanzó un suspiro de agotamiento. De repente, una mano se posó sobre el hombro de Christine y esta, sobresaltada, se giró para ver de quién se trataba. Sonrío al ver que era Dylan y a su lado de acompañaba Jonathan. Estos rodearon el banco y se sentaron al lado de Christine.


-¿Estás bien? -la preguntó Jonathan- ¿Qué haces que no estás descansando a estas horas?


Christine se giró hacia Jonathan, que este tenía posada su mirada de color marrón sobre ella.


-Me he pasado todo este tiempo buscando a Indara y a Caroline -dijo apoyando su espalda en el banco-. No aparecen por ninguna parte, y tampoco aparece Jake. ¿Y qué hay de vosotros? ¿Vosotros tampoco descansáis?


Dylan y Jonathan ladearon la cabeza de un lado a otro.


-Klaynn no está en casa -dijo esta vez Dylan-. Le hemos buscado muchas veces pero no aparece por ningún lado. Nos contó que tenía unos asuntos pendientes con Jake, unos asuntos en el bosque de Ghörem.

 

Christine frunció el ceño. Había oído hablar de ese bosque, pero lo que sus oídos habían escuchado no era nada bueno. Christine se levantó del banco y de repente entendió todo. Indara y Caroline se habían ido en busca de Jake, pero ¿por qué Caroline también? Christine no lo sabía pero si tenía claro una cosa: iría en busca de Caroline y de Indara a aquel bosque, quería vivir su primera aventura en Dahelya, quería adentrarse a lo desconocido. La daba igual lo que hubiese en ese bosque, solo tenía claro una cosa: no dejaría escapar la oportunidad de indagar en el bosque de Ghörem.


-Chicos -dijo girándose hacia ellos dos-, me voy al bosque de Ghörem.


Dylan y Jonathan se asombraron. Christine se dirigió a paso ligero a la casa de Indara, donde cerró al puerta de golpe y empezó a preparar todas las mercancías para su viaje.


Fuera, Dylan y Jonathan se quedaron en silencio un buen rato, pero después, iniciaron una conversación.


-¿Crees que deberíamos ir con ella? -dijo Jonathan al fin.


-Por supuesto -contestó Dylan-. Christine cree que es muy independiente, pero se perderá enseguida. Deberíamos acompañarla, de paso también averiguamos que se traía Klaynn entre manos.



*     *     *     *     *     *



Me desperté, sobresaltada. Había tenido una pesadilla. Vi como Indara descansaba dulcemente apoyaba en el tronco del árbol, y decidí no molestarla. Saqué mi varita y moví las manos haciéndome levitar. Salté ligeramente desde el árbol y caí lentamente, aún con la varita en mi mano. Cuando llegué al suelo, realicé una bola de fuego en mi mano, para poder ver en aquella oscuridad que dominaba el bosque. La pequeña llama que encendí sobre mi mano me bastó para ver que a pocos metros de mí, se encontraba una sombra difuminada entre los árboles. Tragué saliva, en esos momentos, prefería haber continuado en mi pesadilla que haber bajado del árbol a explorar la zona. Me acerqué, lentamente, y me quedé a una prudente distancia de aquella sombra. Más de cerca, pude ver que era una persona y por sus rasgos físicos pude ver que era una mujer. La mujer se giró y me vió. En ese instante, pegué mi espalda al árbol más cercano y aquella chica vino hasta estar a menos de un metro de mí.


-¿Quién eres tú? -dijo la extraña. Clavó sus ojos morados en mí y en ese momento me estremecí. Me miró de arriba a abajo y luego añadió unas palabras-. ¿Y que hacías en este bosque?


Tragué saliva y la miré, intimidada por su mirada y por la daga que se escondía en su cinturón.


-Soy Caroline -dije con la voz temblorosa-, Caroline Morgan. Voy de viaje hacia el bosque de Ghörem -el miedo me paralizó por unos instantes, pero finalmente, me decanté por preguntar-. ¿Y quién eres tú?


Aquella chica esbozó una sonrisa y escupió una leve carcajada.


-¿Yo? -dijo. Su voz era cantarina y dulce, pero al mismo tiempo era misteriosa-. Yo soy Shyra Gayer, guerrera del clan élfico. Con que Caroline, ¿es así? Había oído hablar de tí, eres una terrestre de la profecía.


Iba a pronunciar palabra pero decidí no hacerlo. ¿Cómo me conocía? ¿Acaso era tan importante la profecía? Aún estaba muy perdida por este mundo mágico. Profecías, magia, guerreros...


-Sí, soy yo -dije yo más tranquila-. ¿Qué es el clan élfico?


Sus ojos morados resplandecieron por un instante. Después me miró y sonrió.


-El clan élfico es un grupo de elfos que luchan contra la hermandad de los guerreros de la noche. Los guerreros de la noche son el clan de los magos oscuros que se quieren apoderar de Dahelya, con la ayuda de sus aliados, los kerems -sonrió pícaramente y me clavó una mirada-. Creo que tú podrías acabar con ellos.


-¿Yo? -enarqué una ceja y después añadí:- No tengo casi conocimientos sobre magia, ahora mismo no serviría en una guerra mágica.


Shyra sonrió y negó con la cabeza.


-Eso me temía -dijo Shyra-, ¿vienes con tu maestra?


Asentí con la cabeza y acto seguido, miré al árbol donde Indara descansaba.


-Bien, os acompañaré en vuestro viaje, tengo unos asuntos pendientes en Ghörem -sonrió Shyra-, de paso me gustaría ver que secretos se esconden allí -levantó un dedo y me señaló a mí-. Mañana nos vemos aquí, partiremos junto a tu maestra.


Dicho esto, se giró y se fue por donde había venido, pero antes hablé.


-Pero, no creo que sea una buena idea, puede que... -callé, pues vi como la guerrera se giró y me fulminó con una mirada. Tragué saliva y asentí con la cabeza-. Vale, hasta mañana.


Shyra sonrió y continuó su camino. Después de esto, cerré la llama de mi mano y con mi varita, levité. Cuando llegué a la rama donde antes me había despertado, caminé hasta ella con cuidado de no despertar a Indara y me volví a dormir, como si no hubiese ocurrido nada...


*     *     *     *     *     *

 

Christine salió de la casa con una mochila colgada sobre su hombro derecho y andaba con paso firme. Llevaba la vista fija en el horizonte, donde se extendía el bosque de Moonlight, y tras él, el bosque de Ghörem. Fue a dar un paso, pero alguien la paró posando su mano en el hombro que la quedaba libre. Eran Dylan y Jonathan. Sonrió al verlos.


-Chicos -preguntó Christine-, ¿qué hacéis aquí?

 

-No dejaremos que vayas sola -dijo Dylan sonriendo-. Alguien te tenía que acompañar.

 

Christine sonrió a su vez y les abrazó a los dos, con fuerza.

 

-Gracias chicos -musitó Christine-, gracias por acompañarme.

 

Christine se separó de los dos y esta vez, habló Jonathan.

 

-No perdamos más tiempo -dijo Jonathan-, hay un largo camino hasta Ghörem.

 

Dicho esto, los tres jóvenes emprendieron el camino hacia el bosque de Ghörem...

 


domingo, 30 de diciembre de 2012

Capítulo 11: En busca de Jake

Llegamos Indara y yo, corriendo a la casa. Cuando llegamos, Indara se fue escopetada a su habitación. Cuando salió de ella, tenía un gran plano entre sus manos y llevaba su alforja colgada. Dejó el plano sobre la mesa e introdujo en su bolsa diversos alimentos de la despensa. Mientras, yo observaba, en silencio, como se movía por la casa, preparando las cosas para nuestro viaje en busca de Jake. Al cabo de un rato, se sentó en una silla junto a mí, y abrió el plano sobre una mesa. 


-Caroline -dijo señalando un punto en el mapa-, este es el bosque de Ghorëm, y nosotras estamos aquí.


Cuando vi la distancia que separaba el bosque de Ghorëm, me sorprendí un tanto, pues si en aquel mapa la distancia era considerablemente larga, no me quería imaginar cuanto sería el camino.


-Pero -protesté yo-, no llegaremos a tiempo si queremos encontrar a Jake. El camino es muy largo y doy por hecho de que Jake ya ha partido hacia el bosque. Aunque emprendiésemos ahora mismo el viaje, no llegaríamos a tiempo. Dudo mucho que seamos capaces de encontrar a Jake.


-No Caroline, te equivocas. Vamos a llegar a tiempo y a encontrar a Jake, cueste lo que cueste.


-Pero no crees que... -paré de hablar, ya que Indara me miraba con gesto torvo. Preferí no hacer ningún comentario más que yo considerase fuera de lugar. Estaba claro de que Indara no estaba de humor y sería mejor no hablar por el momento.


Tragué saliva, nunca la había visto tan... enfadada. Siempre estaba sonriente, y si se enfadaba, nunca la había durado más de cinco minutos. Se notaba en su mirada, que Indara y Jake no eran los hermanos que de vez en cuando se peleaban, no. Jake e Indara, eran los hermanos que lo darían todo por cuidarse y procurar que no les pase nada malo. 


-Vale, le encontraremos -dije firmemente-. Cueste lo que cueste.


Indara sonrió traviesamente y cogió el mapa de un tirón y lo metió en su alforja, donde ví como sobresalíala punta de un objeto metálico. Pensé que Indara llevaría una daga, pero me lo cuestioné un momento, ya que Indara era una maga excelente, y como ella había dicho, necesitaríamos solamente nuestros poderes para luchar.


-Salgamos ya, no perdamos más tiempo.


Recorrimos a paso ligero las estrechas calles de Bharerr hasta que llegamos a un gran prado donde, al fondo, se podía divisar un precioso bosque, el bosque de Bnut, donde los enanos dahelyanos lideraban. Me sorprendí cuando Indara me lo dijo, pues yo creía que en Dahleya solo habitaban magos. Me nombró también las demás especies de Dahelya: elfos, trasgos, gigantes y kerems. Todos aquellos seres mágicos me sonaban de algunas viejas leyendas que contaban en la Tierra. Todos sabía que eran, menos los kerems. Indara me explicó que un kerem era una mezcla de trasgo y elfo. Los kerems eran seres tan bellos y hermosos como los elfos, pero al mismo tiempo eran malvados como los trasgos. Sabían como seducir con su belleza al más poderoso de todos los magos, así que crucé los dedos para no encontrarme a ninguno de ellos por el camino, pues no quería que mi primer viaje por Dahelya fuese complicado.


*     *     *     *     *     *     


El camino fue largo y silencioso, pues Indara caminaba firmemente delante mía y yo la seguía en silencio, procurando no molestarla. No hubo descansos, Indara parecía imparable, y aunque su rostro mostrase cansancio, sus piernas no lo padecían. Las conversaciones que teníamos Indara y yo por el camino, que eran pocas, eran muy breves. Yo intentaba comenzar una conversación que durase, para hacer el camino más entretenido, pero Indara tan solo contestaba con monosílabos, y eso no mejoraba las cosas. 


La noche cernió sobre nosotras y, por lo menos yo, estaba perdida. Buscamos refugio entre los grandes árboles del bosque de Bnut, que pertenecía a los enanos de Dahelya. Tuvimos suerte de no encontrarnos a muchos enanos por el bosque, pues no le gustaban que indagásemos en los lugares que pertenecían a su dominio. Al fin, encontramos un gran árbol, al que Indara levitó hasta llegar a la copa del árbol, para dormir en él. Yo me quedé en el suelo dudando durante unos instantes. 


-¿No subes? -me preguntó Indara.


-No creo que pueda -protesté ante el miedo de caerme mientras levito-. No soy una maga experta.


-Pero ya hemos dado la clase -repuso Indara-. No tienes excusas.


Cerré los ojos y respiré hondo un par de veces. Saqué mi varita y empecé a hacer círculos rodeándome al mismo tiempo como unas leves lucecitas plateadas me rodeaban a mí. Mientras tenía los ojos cerrados, mis pies comenzaron a flotar en el aire. Subí lentamente al árbol y cuando llegué arriba, me senté en una rama, lo suficientemente ancha para dormir bien sobre ella, y no caerme de ella, pues la altura del árbol era considerablemente grande.




-De acuerdo, pero no estés tan seria. Acuérdate de tus palabras: vamos a encontrar a Jake, cueste lo que cueste.


Indara sonrió, como habitualmente hacía. Había conseguido subirla los ánimos, que en estos momentos se necesitaba bastante. Indara estaba bastante afectada por la pérdida de Jake y no me pasaba nada por entregarle un poco de mi ánimo. Tras esto, Indara añadió unas palabras más.



-Te dije que serías capaz -dijo Indara sonriente, por primera vez en el día de hoy-. Nunca te subestimes, sobre todo si se trata con la magia. Deja que el optimismo te guíe, ¿de acuerdo?



-Descansa -dijo Indara con los ojos medio cerrados del sueño-, la jornada de mañana será mucho más larga que la de hoy y necesitaremos las fuerzas para continuar el camino en busca de Jake.


- Eso haré -dije bostezando-. Igualmente, y recuerda: no te desanimes, encontraremos a Jake. Puede que tarde, o puede que pronto, pero lo encontraremos. Recuerda que está con Klaynn, según Jake y tú, el mago más poderoso de todo Dahelya, quizá capaz de derrotar a un kerem. Podemos dar por hecho de que Jake está en buenas manos.



-Esperemos que estés en lo cierto -dijo Indara con la espalda apoyada en el tronco del árbol-. Pero, aunque Klaynn sea el mago más poderoso de todo Dahelya, no es inmortal y ya es demasiado anciano, por lo que Jake puede quedarse solo en cualquier momento, así que hay que encontrarle cuanto antes.


Asentí con la cabeza y bostezando, me acomodé sobre la rama y cerré los ojos para dormir. Sentí como me relajaba y como los rayos de la luna y de las estrellas se cernían sobre mí. Lentamente, fui quedándome dormida hasta que los ojos se me cerraron del sueño y caí agotada sobre la rama.

jueves, 6 de diciembre de 2012

Capítulo 10: La segunda clase


Llegamos Jonathan y yo corriendo hasta el cerro y alli nos esperaban Indara, Dylan y Christine.

-¿Dónde estabais? -dijo Indara cortante.

-Em... Yo... -dije sin saber que decir. No quería decir que me había quedado hablando con Jonathan, ya que eso la enfadaría más-. Yo... Es que...

-Caroline, no me mientas, ¿qué estabas haciendo? -dijo muy seria.

-Nos habíamos dejado las varitas -dijo Jonathan rápidamente.

-Pero eso no... -no acabé la frase ya que Jonathan me había dado un golpecito en el brazo mientras me guiñaba un ojo.

Indara cerró los ojos y sacudió la cabeza con desaprobación. Después, levantó la cabeza y suspiro mientras abría la boca para hablar.

-No me convence lo que me has dicho Jonathan, pero hay que empezar la clase.

Cerré los ojos y suspiré de alivio. Después, me giré hacia Jonathan y le miré con cierto tono de agradecimiento en los ojos.

-Bueno chicos -dijo Indara mientras nos miraba a todos-, hoy seguramente sea uno de los días más importantes de vuestra vida. Los primeros hechizos que conjura un mago son un paso muy importante en su vida.

-¿Qué tienen de importante? -saltó Dylan burlón-. No son más que hechizos.

-Dylan -contestó Indara-, no son solo hechizos. Los primeros hechizos son los que más marcarán tu magia, los que te ayudarán a realizar todos tus hechizos. Los primeros hechizos son los hechizos con los que tendrás que luchar.

-¿Has dicho luchar? -dijo Christine alzando una ceja- ¿Qué quieres decir con luchar?

-Lo que oyes Christine -dije yo-, vamos a luchar con nuestra magia.

-¿Con nuestros poderes? -dijo Christine aún boquiabierta- ¡Si aún no sabemos conjurar hechizos!¡Cómo quieres que luchemos!

-Para eso sirven las clases -dijo Indara- para aprender los hechizos y aprender a luchar y a defenderse con ellos.

-¡Pero no podemos...!

-Nunca digas esta frase, Christine, nunca - dijo Indara firmemente.

Christine la miro con reproche, pero finalmente, decidió contestar a Indara.

-De acuerdo.


*     *     *     *     *     *


Jake decidió salir de casa, puesto que no había salido de ella desde que Caroline llegó. Mientras caminaba iba saludando a  todo mago que se le cruzaba por delante. Pasó por delante del cerro, y divisó a o lejos cinco figuras difuminadas, que eran Indara con los chicos en su clase. Jake no se detuvo, pensó que sería mejor no molestar. Siguió caminando por Bharerr ( que así se llamaba la capital de Moonlight, donde ellos vivían ), hasta que se detuvo frente a una gran mansión. Por fín había llegado. Aquella gran casa pertenecía a Klaynn, el mago más viejo y sabio de todo Dahelya. Él fue el que encontró a Dylan y a Jonathan en la Tierra, y quien los trajo a Dahelya. Abrío la puerta, que formó un estrepitoso chirrido y entró dentro de ella. Cuando se adentro en lo que debía ser el salón solo encontró un escritorio, varios muebles viejos y las parees llenas de cuadros, cuyos significados eran difíciles de descifrar. Jake no encontró a Klaynn por ninguna parte, pero sabía perfectamente donde se encontraba. Klaynn tenía un pequeño laboratorio donde probaba todos sus experimentos,  y donde casi siempre se encontraba. Tomó escaleras abajo, donde se encontraba el sótano, que es donde tenía habilitado su laboratorio. Cuando llegó, Jake supuso que Klaynn estaría allí, pero se llevo una gran sorpresa. No estaba por ninguna parte, tan solo encontró una nota que, en la parte superior, estaba escrito: para Jake. Jake tomó la nota entre sus manos, la abrió y se dedicó a leerla.


"Jake, se que vendrías a buscarme. Quiero que sepas que espero que me ayudes a investigar. Sí, has oído bien, quiero que me ayudes a explorar la zona del bosque de Ghorëm, entre Moonlight y Madbelle. Allí se han encontrado pistas de como atacar a la zona oscura, y creo que tú eres el único mago que me puede ayudar. Te espero en la frontera de Moonlight, allí partiremos hacia Ghorëm.
Firmado,
Klaynn"


Cuando Jake acabó de leer la carta, se la guardó rápidamente en el bolsillo de su pantalón y salió corriendo hacia la casa.


*     *     *     *     *     *


-Bueno -dijo Indara ya más calmada-, hoy aprenderéis vuestros primeros poderes. No quiero presionaros, así que solo aprenderemos dos conjuros. Sabréis levitar y el hechizo más básico, lanzar llamas.


Durante un momento, sentí como mi corazón se aceleraba de la emoción, pero me contuve para no saltar de la alegría.


-Lo primero que debemos hacer -prosiguió Indara-, es lo siguiente.


Se colocó de pie, con la varita en la mano y rodeó su cuerpo con ella. Observé mientras lo hacía, cada vez, sus pies se levantaban del suelo, poniéndolos en contacto con el aire. Cuando bajó, nos miró a todos y dijo:


-Ahora vosotros.


Pasé una mirada por encima de todos un poco insegura. Cuando me dispuse a hacerlo, cerré los ojos intentando concentrarme. Mi cuerpo empezó a rodearse de diversas lucecitas plateadas y notaba un cierto desequilibrio que ligeramente, lograba alejar. Cuando me decidí, abrí los ojos, y pude ver como me había alejado del suelo. Sonriente, lancé un grito de alegría y mirando a mi lado, pude ver que Christine, Dylan y Jonathan también lo habían conseguido. Les miré a todos, y ellos me devolvieron la mirada, sonrientes. Me dispuse a bajar, y lo hice muy lentamente. Cuando todos estuvimos en el suelo, Indara nos sonrío y se dirigió a nosotros:


-Aprendéis muy rápido. Eso me gusta -dijo con una sonrisa pícara en sus labios-. Ahora, toca aprender a lanzar llamas. Para este hechizo quiero que tú -dijo dirigiéndose a Christine con el dedo- lo realices antes.


Observé como el rostro de Christine cambiaba.


-¿Yo?¿Por qué yo?


-Porque el fuego es tu poder, y tienes ventaja al comprobar si serías capaz de realizarlo. Ahora observa como lo hago yo, y no quites ojo a mis movimientos, porque después los realizarás tú.


Indara colocó la palma de la mano bajo la punta de su varita y comenzó a hacer círculos con ella. Una pequeña llama comenzó a formarse sobre su mano, hasta que se formó por completo. Indara retiró la varita, y alzó la mano con un impulso hacia el cielo. La bola de fuego salió disparada hacia el cielo e Indara sonrió. Se giró hacia Christine y la dijo:


-Es tu turno -dijo dirigiéndose a Christine-. No me falles.


Christine, segura de lo que hacía, realizó el mismo movimiento que hizo Indara, hasta que consiguió formar una bola completa. La lanzó al cielo, y satisfecha por sus resultados, se giró hacia nosotros tres y nos dijo imitando a Indara.


-Es vuestro turno.


La sonreí y me puse entre medias de Dylan y Jonathan. Ellos empezaron a formar la bola de fuego y después, la formé yo. Cuando los tres la teníamos en nuestras manos, les dirigí una mirada y los tres lanzamos la bola de fuego hacia el cielo, donde juntaron formando así un gran destello.


-Bien -dijo Indara acercándose a nosotros-, los habéis realizado todos sin problemas. El próximo día pensaré en algún hechizo más difícil que enseñaros -dijo guiñándonos un ojo-. Me iré marchando, os espero en la casa chicas -dijo ya marchándose.


Cuando ya no se veía a Indara, oí una voz que me llamó.


-Caroline -dijo Jonathan-, ¿puedes venir? 


-Claro -me dirigí hacia él-, ¿qué sucede?



*     *     *     *     *     *

Indara entró en casa y llamó a Jake.


-Jake, ya estoy.


Esperaba una respuesta, que para su sorpresa no encontró. Registró toda la casa, pero no encontró ni rastro de Jake, hasta que descubrió una nota en la que decía.


"Indara, sé que cuando llegues a casa no estaré, pero quiero decirte que no te preocupes que estoy bien. Me he ido con Klaynn a explorar el bosque de Ghorëm, donde dice Klaynn que se encuentran los secretos de la magia oscura, y que así encontraremos como derrotarla."


Indara recordó que era verdad, que allí se encontraban los secretos más escondidos de la magia oscura, pero nadie había logrado encontrarlos a tiempo, ya que también habitaban allí muchos de los más poderosos guerreros del reino de Darkblood. Indara soltó la nota y salió corriendo en busca de Caroline, que era ella quien, de todos los jóvenes, la que más cerca de Jake estaba.


*     *     *     *     *     *


-Bueno -dijo Jonathan, sin dirigirme una mirada clara-, antes, no te lo pude decir.


Se me aceleró el corazón durante un momento, pero intenté que mi voz sonase firme.


-Y, ¿qué era lo que me querías decir?


-Pues, te quería preguntar si... -no pudo continuar, Indara llegó corriendo y se aproximo a nosotros.

-Caroline -dijo con una respiración entrecortada-, tienes que ayudarme a encontrar a Jake. No está en casa.


-¿Y dónde está? -pregunté inquieta.


-Va de camino al bosque de Ghorëm, hay que detenerlo antes de que ocurra algo.


-Pero yo no sé donde está ese bosque.


-Ya te lo explicaré por el camino, pero no tenemos tiempo. Vámonos.



Indara tiró de mi brazo y no tuve más remedio que seguirla.


-Lo siento -le dije a Jonathan-, me tengo que ir. Dímelo más tarde.


-Claro -dijo Jonathan con cierto rubor en las mejillas-... No hay problema.

sábado, 27 de octubre de 2012

Capítulo 9: Empezando un nuevo día

Abrí los ojos lentamente. Parpadeé un poco mientras me desperezaba. Me levanté de mi cama y observé como Christine descansaba sobre la suya. Me acerqué a ella y la meneé un poco para que despertase. Vi como empezaba a estirarse y como parpadeaba para despejarse. Cuando logró despertarse del todo la dediqué una sonrisa amistosa que ella me devolvió mientras se sentaba sobre su cama.

 

-Buenos días dormilona -dije en un tono burlón-, ¿lista para la segunda clase de magia?

 

-Completamente -dijo ella mientras bostezaba.

 

Mientras ella se estiraba y vagueaba en su cama yo bajé abajo con Jake y con Indara. Bajando las escaleras Jake me vió y como siempre, sonrió. Se le veía muy contento, más de lo habitual.

 

-Hola Caroline -dijo dirigiéndose a mí-, espero que hayas dormido bien. Esta clase de magia es muy importante para vosotros cuatro, por cierto, ¿y Christine?

 

-Arriba, vagueando -dije soltando una leve risa-. Y, ¿por qué es tan importante esta clase?¿No es igual que las demás?

 

-Caroline -dijo Jake con una sonrisa muy amplia-, hoy aprenderéis vuestros primeros conjuros mágicos. Ese momento es algo que siempre quedará grabado en la mente de un mago dahelyano, como lo eres tú.

 

-Ya pero -dije rememorando la clase anterior-, ya hemos aprendido un hechizo. Indara nos lo explicó, usamos el Garggif y descubrimos nuestros poderes.

 

-Si crees que eso es un hechizo estás muy equivocada, aquello fue solo para descubrir cual es vuestra especialidad mágica. Si intentas luchar con lo único que llevas aprendido, te deseo buena suerte.

 

Medité las palabras que acababa de pronunciar Jake. ¿Luchar?¿Vamos a luchar? Durante un momento me quedé en blanco pero cuando volví al mundo miré a Jake dispuesta a preguntarle a qué venía esa palabra.

 

-¿Luchar? -protesté- Tú nunca mencionaste nada sobre luchar.

 

-La profecía habla sobre una guerra en la que cuatro adolescentes terrestre, cosa que vosotros sóis, consiguen ganar una batalla contra Darkblood usando su magia.

 

-Pero -no podía entender lo que me estaba diciendo-, yo no quiero luchar. Y dudo que los demás quieran.

 

-Es vuestro destino -Jake se puso serio de pronto-, tenéis que hacerlo. No podéis escapar de él.

 

Abrí la boca para contestar pero una voz sonó antes que la mía.

 

-¿Listas para la clase? -dijo Indara sonriente- ¿Dónde está Christine?

 

-Aún está arriba -dije mirando las escaleras.

 

Cuando Jake e Indara miraron la puerta de nuestra habitación, Christine salió de ella.

 

-Lo siento, me he quedado dormida -dijo bajando rápido las escaleras.

 

<<Después de que yo te despertase>> pensé. Me giré a Indara, que ya salía por la puerta.

 

-Vámonos Christine, tenemos que llegar a tiempo que hoy aprendemos nuestros primeros conjuros -le guiñe un ojo a Jake.

 

Salíamos de la casa cuando nos cruzamos con Jonathan y Dylan.

 

-Hola chicos -dijo Christine saludando con la mano-, ¿preparados para la clase?

 

-Claro -dijo Dylan-, es una clase como las demás.

 

-No lo es -dije mientras me acercaba a él-. Hoy aprendemos nuestros primeros hechizos, es algo muy especaial.

 

-Y tanto -dijo Christine-. Vamos al cerro, Indara nos espera allí.

 

Asentí con la cabeza y comencé a andar pero alguien me cogió del brazo. Era Jonathan. Él me hizo una señal para que me acercase a él y le obedecí.

 

-Tengo que decirte una cosa -dijo cuando yo me acerqué.

 

Durante un momento mi corazón se aceleró tanto que pretendía salir de mi pecho. Bajé la mirada, tímida.

 

-¿Sí? -dije subiendo la mirada para mirar a sus ojos.

 

Jonathan abrió la boca para hablar pero Christine nos interrumpió.

 

-¡Venid ya! -gritó Christine desde lejos.

 

Después de mirar a Christine me volví a girar a Jonathan que me dijo:

 

-Vamos al cerro -dijo apresurándose-, después de las clases te lo digo.

 

-Va-vale -dije sonriendo.

 

Juntos, nos fuimos al cerro, donde ya nos esperaba Indara. Antes de llegar, Jonathan y yo cruzamos una mirada rápida, pero llena de sentimientos.

sábado, 20 de octubre de 2012

Capítulo 8: La Profecía dahelyana

-Veréis, esto es gracias a que cada vez que estáis junto a lo que os llena, nada más en el mundo te importaba -explicó Indara-. Está claro que vosotras estáis aquí porque desde que nacisteis tenéis algo de magia en vuestro interior, una magia que se había perdido, pero que ha vuelto a vivir gracias a que habéis descubierto que poseéis un gran poder que poca gente disfruta.


Me quedé pensativa durante unos instantes, después, reaccioné.


-Lo que estás diciendo -dije después de que Indara acabase de hablando-, ¿es qué nosotros teníamos magia, pero está ha permanecido dormida durante estos años?


-Exacto -respondió Indara-. Necesitabais llegar aquí para despertar vuestro poder. Por eso Jake insistió tanto contigo Caroline, y yo contigo -se giró hacia Christine-. Si no os hubiéramos encontrado, la profecía no se habría cumplido y Moonlight no tendría posibilidades de salir victorioso de esta guerra.


-¿Qué profecía?¿Y qué guerra? -dijo Christine tras estar un buen rato en silencio.

Indara rió durante un momento, pero después se volvió seria, como se había estado durante esta conversación. Se levantó y cogió un libro bastante voluminoso, le quitó el polvo y comenzó a buscar entre las páginas. Christine y yo nos intercambiamos una mirada rápida y cuando nos volvimos hacia Indara nos puso el libro delante nuestra.


-Leed esta página -nos indicó Indara-. Aquí se encuentra la profecía.


Cogimos el libro entre las dos. El texto decía lo siguiente:


<<Los dos reinos gobernadores de Dahelya han caído en una guerra por conseguir el poder de todo el mundo. La magia oscura de Darkblood solo quiere poder para ser los superiores y así tener al reino de Moonlight a sus pies. Al revés, Moonlight prometía un mundo lleno de luz y de libertad, pero esto no era tan fácil. Un día como cualquiera, un mensajero desconocido, que no pertenecía a Dahelya se presentó en la plaza del reino, y allí pronunció las palabras que llenó a Moonlight de alegría y esperanza. El mensajero comunicó que dentro de un tiempo, cuatro jóvenes terrestres llegarán a Dahelya y con su magia, conseguirán llevar a Moonlight hacia la victoria>>


Indara cogió el libro y lo dejo en la estantería.


-Pensad en lo que habéis leído -dijo Indara levantándose y dejando la silla junto a su escritorio-. Ahora iros a dormir, es tarde.


Christine salió por la puerta de la habitación y yo la seguí. Al llegar a nuestra habitación se sentó en su cama y luego me miró, pensativa.


-¿Qué crees que querrá decir Indara? -dijo Christine.


-No lo sé, pero ahora descansemos, hemos tenido un día largo y mañana continúan las clases. Hasta mañana  -dije mientras me acomodaba en mi cama-, que pases buena noche.


-Igualmente -dijo ella sonriente.

Cuando me tapé con las sábanas, miré hacia la enorme ventana que tenía frente a mí, no podía pasar una noche sin que las estrellas me mostrasen su luz. Después de un gran rato observando la luz de las estrellas, me quedé introducida en un sueño muy profundo...

sábado, 13 de octubre de 2012

Capítulo 7: Descubriendo sobre sus vidas

Nos dirigimos a la plaza de Moonlight y nos sentamos en un banco. Yo me senté entre Christine y Jonathan y Dylan se sentó en la esquina del banco. Christine nos echó una mirada a todos y después comenzó a hablar:


-Bueno -dijo Christine tras un largo silencio-, ¿de dónde sois? Yo soy alemana, vengo de Dresde, una ciudad preciosa.


Mientras hablaba, su voz se teñía cada vez más de añoranza. Se notaba que el tiempo que había pasado en Moonlight había echado mucho de menos a su familia y a sus amigos de Dresde.


-Yo soy de Alemania también -dijo Dylan-, pero no soy de Dresde, soy de Hamburgo, ¿y vosotros?


Miré a Jonathan antes de contestar y abrí la boca para contestar a la pregunta que Dylan nos hizo, pero Jonathan se me adelantó.


-Yo soy de Francia, de Lyon. La verdad es que es una ciudad bastante bonita -dijo Jonathan mientras observaba el bosque que se extendía hacia el horizonte-. ¿Y tú Caroline, de dónde eres?


Me quedé callada durante un momento antes de contestar. Después miré a Jonathan y finalmente contesté.


-Mi familia es de Canadá, pero mi hermana y yo nacimos en España. Mi familia se ha movido mucho y tengo familiares de muchos países, así que tengo sangre de varios países.


Hubo un silencio tras haber terminado la conversación, hasta que Christine rompió el silencio.


-Y -dijo Chirstine-, ¿qué creéis que significan nuestros poderes


-Creo que tiene que ver con algo que siempre nos ha entusiasmado, que siempre nos ha gustado o que nos ha llenado -dijo Jonathan-. Pensad en vuestro poder e intentad relacionarlo con algo que siempre os ha gustado.


Pensé en mi poder. La luz. Indara mencionó las estrellas cuando me dijo mi poder, y las estrellas siempre me habían impresionado. Su luz, su belleza, su magia...


-Tienes razón -dije tras pensar en ello-, la luz es mi poder. Indara me dijo que la luz de las estrellas estaba en mí y las estrellas siempre me han llenado con su luz. Tal vez tenga algo, Jonathan, tal vez tengas razón.


-Mi poder era el fuego -recordó Christine-, y siempre me sentía bien cuando me encontraba en un lugar caliente y cuando era pequeña, cada vez que veía una hoguera con fuego jugaba con él.


-Mi poder era la naturaleza -dijo Dylan-. Yo siempre me iba al bosque a relajarme allí y siempre me sentía bien allí.


Sonreí para mí misma al ver que era verdad lo que había dicho Jonathan.


-¿Veis? -dijo Jonathan con una sonrisa-. Era algo que siempre nos había llenado.


-¿Avisamos a Indara? -dijo Christine de pronto-. Puede que no lo sepa y sea importante, ¿vamos?


-Sí -dije yo levantándome-, ¿vosotros venís?


-No -dijo Dylan-, tenemos que avisar a Klaynn, es él quien nos encontró. Id vosotras a avisar a Indara, ya nos veremos mañana en la siguiente clase.


-Vale, hasta mañana -les guiñé un ojo a los dos.


Christine y yo comenzamos a andar hacia la casa. Cuando pasamos al lado del cerro, Christine se giró hacia mí y me dijo:


-¿Crees que es importante?


-No lo sé -dije-. Pero Indara nos lo dirá, ella sabe mucho sobre magia, por eso es nuestra maestra.


Entramos dentro de la casa y encontramos a Jake entrando en una habitación.


-¡Jake! -le llamé yo- ¿Dónde está Indara? Es importante.


Jake se giró y sonrió.


-Está en su habitación -señaló una puerta al final de las escaleras-, allí.


-Gracias -dijimos a la vez.


Subimos a la habitación de Indara y allí se encontraba.


-Indara, necesitamos tu ayuda -dije al entrar.


-¿Qué pasa? -dijo girándose hacia nosotras.


-Hemos descubierto que nuestros poderes son gracias a lo relacionado con algo que siempre nos llenaba mientras estábamos en la Tierra -saltó Christine-. ¿Es eso cierto?


Indara sonrió, se levantó y se dirigió hacia nosotras.


-Tenéis razón -dijo Indara con una sonrisa propia de ella-. Sentaos.


Nos sentamos en unas sillas e Indara puso una delante nuestra y se sentó en ella.


-Veréis, esto es gracias a que...